Tomado del libro: No creáis a todo espíritu. Justo L. González.

Las doctrinas son como cercas construidas al borde del abismo. Supongamos que estamos en lo alto de una meseta, rodeada de precipicios y despeñaderos, algunos de ellos ocultos entre la maleza. En tiempos pasados, algunas personas incautas han caído en esos precipicios. Como resultado de ello se han ido construyendo cercas y señales que nos advierten de los peligros. Las cercas no nos dicen donde debemos estar exactamente. Pero si somos sensatos, trataremos de permanecer dentro de los límites de las cercas y las señales de peligro.
Las doctrinas surgieron en respuesta a las herejías. Las doctrinas no nos dicen qué debemos de creer, sino que nos advierten contra lo que no hemos de creer. Nos ayudan a ser fieles al evangelio. Pero no son el evangelio.
La salvación no es por fe en las doctrinas, sino por medio de la fe en Jesucristo.