Tomado del libro: La batalla de cada hombre. Stephen Arterburn

La lujuria empaña y tuerce la verdadera masculinidad y feminidad en maneras dañinas, hace que el bien deseo de un hombre de buscar a una mujer se reduzca a “capturar” y “usar” y que el buen deseo de la mujer de ser hermosa se reduzca a la “seducción” y “manipulación”. El fuego de los placeres lujuriosos debe combatirse con el fuego de los placeres de Dios.

Deja un comentario o solicita información

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: