Tomado del libro: “SÍGUEME. Un llamado a morir. Un llamado a vivir” de David Platt

El castigo por el pecado no está determinado por nuestra manera de evaluarlo, depende de la magnitud de aquel contra quien se peca. Si se peca contra un tronco, no se es muy culpable, contra una persona si, y si es contra un Dios Santo y Eterno, se es infinitamente culpable y merecedor de un castigo eterno. Por lo tanto la severidad del castigo siempre está en relación con la posición de la persona contra quien se comete la ofensa.